En muchas comunidades mayas, la medicina tradicional sigue siendo una práctica viva que articula conocimiento ancestral, cosmovisión y estrategias comunitarias de cuidado. En esta conversación de Diálogos a distancia para Nota Antropológica, el gerontólogo e investigador Daniel Antonio Muñoz González comparte su experiencia trabajando con pobladores de Campeche y reflexiona sobre la vigencia de estos saberes, los desafíos para su transmisión generacional y las posibilidades de diálogo con la medicina institucional.
Durante mucho tiempo se ha hablado de la medicina tradicional y, en fechas recientes, parece que incluso se ha puesto de moda. Sin embargo, para muchas comunidades indígenas no se trata de una tendencia pasajera, sino de una forma profunda de comprender la relación entre la cura y la enfermedad.
En ese entendimiento existe todo un entramado simbólico que atraviesa la manera en que se interpretan las causas del malestar, los procesos de sanación y el equilibrio entre distintos planos de la vida: lo bueno y lo malo, lo terrenal y lo sagrado. Esta cosmogonía forma parte del mundo maya y continúa presente en la vida cotidiana de muchas comunidades.
Desde hace tiempo, distintos investigadores se han interesado por estudiar estos saberes para comprender cómo podrían dialogar —o incluso convivir— la medicina tradicional y la medicina positiva en el contexto actual.
Por ello conversé con Daniel Antonio Muñoz, quien ha pasado tiempo trabajando con comunidades mayas y ha podido conocer de cerca la manera en que estos conocimientos se preservan y se practican. A partir de esa experiencia, no pude evitar hacerle algunas preguntas para comprender mejor esta relación simbólica entre la medicina tradicional y la medicina positiva.
Conversación entre Daniel Antonio Muñoz y Alberto Canseco.
Alberto Canseco (AC): Para comenzar, ¿cómo inició tu vínculo con las comunidades mayas de Campeche y con la práctica de la medicina tradicional? ¿Qué te llevó a involucrarte en este campo de investigación y acompañamiento?
Daniel Antonio Muñoz (DMG) : Mi vínculo con las comunidades mayas surgió a partir de mi labor docente en un campus del Instituto Campechano, ubicado en el municipio de Hecelchakán, Campeche. En la periferia de esta localidad existe un número considerable de comunidades mayas que todavía se rigen por sus usos y costumbres.
Sin embargo, también es evidente que las nuevas tendencias globales han impactado de manera significativa en la identidad cultural. En muchos casos, son los jóvenes —e incluso algunas corrientes políticas— quienes desplazan elementos propios del mundo maya por tradiciones provenientes de otros estados o países, como las cabalgatas del norte del país o fenómenos culturales globales como el K-POP.
Ante este panorama, decidí involucrarme desde mi formación como gerontólogo, trabajando con personas mayores de 60 años residentes en estas comunidades. El objetivo era rescatar la historia viva que resguarda el patrimonio intangible de este grupo étnico, particularmente los conocimientos que las personas mayores conservan sobre su cultura, sus prácticas y sus formas tradicionales de comprender la salud.
AC: Mencionas que tu trabajo ha implicado presencia directa en comunidades alejadas de la capital. Desde tu experiencia, ¿cómo se vive y se practica actualmente la medicina tradicional en estos contextos?
DMG: Las personas mayores con las que he trabajado y que practican la medicina tradicional maya refieren que este conocimiento ha sido heredado de generación en generación desde sus tatarabuelos. Se sienten orgullosas de preservar y transmitir este saber ancestral, ya que lo consideran una herencia viva de sus raíces culturales.
Sin embargo, también expresan una preocupación constante: muchos hijos y nietos muestran resistencia a continuar con estas prácticas. Para las nuevas generaciones, el uso de plantas medicinales, la preparación de ungüentos o pócimas para aliviar malestares físicos ya no representa una alternativa atractiva frente a la medicina moderna.
AC: ¿De qué manera influyó este conocimiento durante la pandemia?
DMG: Las personas mayores relatan que el conocimiento del monte, de las plantas y de sus formas de preparación fue fundamental para enfrentar la pandemia por COVID-19. En muchas de estas comunidades no existen médicos y trasladarse a la cabecera municipal implica gastos que muchas familias no pueden cubrir.
Ante esta situación, la medicina tradicional se convirtió en una forma inmediata de atender a los miembros de la familia y de enfrentar los síntomas que se presentaban.
AC: Desde el acompañamiento comunitario que has realizado, ¿qué necesidades específicas en materia de salud identificaste y de qué manera la medicina tradicional responde a ellas?
DMG: Los modelos de salud pública, particularmente en el primer nivel de atención, siguen siendo deficientes en materia de prevención, promoción y educación para la salud. En muchas de estas comunidades no existen casas de salud con el equipo básico ni con el personal necesario para prevenir o reducir la incidencia de enfermedades crónicas o neurodegenerativas.
Además, acudir a una consulta privada implica para muchas familias perder un día de trabajo en actividades como la milpa o la crianza de animales de traspatio, lo que termina afectando directamente la economía familiar.
AC: Frente a estas condiciones, ¿de qué manera se organiza la comunidad para atender los problemas de salud?
DMG: Ante la falta de medicamentos y manteniendo las costumbres de la región, las comunidades han encontrado distintas formas de responder. Por ejemplo, existe un centro de salud adscrito al IMSS ubicado en la comunidad maya de Santa Cruz, donde las autoridades han impulsado la creación de un conservatorio de plantas medicinales.
Estas plantas se ponen a disposición de la población que las solicite. Sin embargo, la preparación y la dosificación de los remedios siguen siendo responsabilidad de los propios pobladores, quienes conservan el conocimiento sobre su uso.
AC: Señalas como un momento clave la experiencia durante la pandemia por COVID-19. ¿Cómo enfrentaron las comunidades esta etapa desde la medicina tradicional?
DMG: Los pobladores relatan que comenzaron a escuchar en las noticias sobre la enfermedad que se aproximaba. Ante esa información, decidieron prepararse con anticipación: sembraron, cosecharon y elaboraron distintas pócimas y remedios para mantener sana a la familia.
También tomaron medidas para evitar el contagio. Una de ellas fue restringir la entrada de personas provenientes de otras comunidades, con el fin de reducir el riesgo de propagación de la enfermedad dentro del pueblo.
AC: En ese contexto, ¿qué papel juega la cosmovisión maya en los procesos de sanación?
DMG: Dentro de la cosmovisión maya, elementos como el sol, la luna y ciertos días del calendario tienen un significado importante en los procesos de sanación. Algunas enfermedades se interpretan como asociadas a la influencia del sol o de la luna.
Asimismo, los días viernes son considerados momentos propicios para utilizar los preparados medicinales y realizar ceremonias destinadas a la sanación. Estas prácticas forman parte del conocimiento tradicional que orienta el uso de los remedios y los rituales dentro de la comunidad.
AC: A partir de tu experiencia en las comunidades mayas, ¿podrías compartir alguna situación concreta en la que hayas observado directamente la aplicación de la medicina tradicional? ¿Cómo fue ese proceso y qué elementos culturales o simbólicos estuvieron presentes?
DMG: Entrevistar a un chamán —una figura considerada de alto rango dentro de la jerarquía de curanderos en la cosmovisión maya— fue una experiencia particularmente interesante. Vive alejado de la comunidad y, según comentan algunos pobladores, es una persona muy respetada e incluso temida, ya que se cree que puede transformarse en nahual, es decir, en hombre-animal, cuando realiza ciertos rituales.
La entrevista con él fue muy amena. Explicaba que los trabajos que realiza tienen como objetivo ayudar a las personas que padecen alguna dolencia física, espiritual o emocional. También señalaba que no busca lucrar con la necesidad de la gente, ya que considera que su capacidad es un don heredado de sus antepasados y que debe utilizarlo para el bien de la comunidad.
En esa ocasión mostró algunas de las plantas que utiliza en sus prácticas, como la ruda y la albahaca, las cuales emplea en rituales destinados a alejar los malos espíritus que, según la interpretación tradicional, pueden estar afectando a una familia. Comentó además que suele cobrar únicamente lo que las personas estén dispuestas a ofrecer después de haber realizado el trabajo.
Finalmente, explicó que solo realiza estos rituales los días viernes, ya que culturalmente se considera un día propicio para este tipo de prácticas. También mencionó que cuando se trata de trabajos relacionados con brujería o hechicería, suele descansar durante una semana después de realizarlos, con el fin de recuperar sus fuerzas.
AC: En términos culturales y simbólicos, ¿cómo se transmite este conocimiento entre generaciones?
DMG: Actualmente, el conocimiento ancestral se transmite principalmente por parte de los abuelos y bisabuelos. Ellos mismos señalan que este saber se está perdiendo, ya que muchos hijos y nietos, aunque conocen estas prácticas, no las ejercen. En algunos casos existe desconfianza hacia la medicina tradicional y, en otros, incluso cierta vergüenza hacia sus propias raíces culturales.
En las escuelas de nivel básico este conocimiento llega a enseñarse de manera superficial. Sin embargo, los propios pobladores consideran que la transmisión de estas prácticas también depende de las familias, particularmente de los padres, quienes tienen la responsabilidad de inculcar y dar continuidad a la identidad cultural de la comunidad.
AC: ¿Cuáles consideras que son hoy los principales riesgos para la continuidad de estos saberes?
DMG: Entre los riesgos más importantes se encuentra la influencia de procesos como la gentrificación, así como la adopción de nuevas tendencias culturales, culinarias y de moda que llegan a través de los medios y las redes sociales. Esto provoca que muchos jóvenes pierdan el sentido de pertenencia hacia su comunidad.
Frente a esta situación, uno de los desafíos más importantes es que las políticas sociales, especialmente en los ámbitos de la salud y la educación, impulsen acciones concretas que permitan diseñar y ejecutar programas orientados al rescate y preservación de la medicina tradicional.
AC: Desde tu experiencia acompañando a estas comunidades, ¿qué te ha permitido comprender —a nivel personal o académico— sobre la relación entre los saberes tradicionales y la medicina institucional?
DMG: La medicina tradicional continúa vigente como una forma de conocimiento que se preserva principalmente gracias a las personas mayores de las comunidades mayas. Para muchos de ellos, estos saberes forman parte de su patrimonio cultural y siguen siendo una respuesta frente a la falta de servicios sociales y de salud adecuados para atender las necesidades básicas de la población.
Sin embargo, también es evidente que las nuevas generaciones muestran cada vez menos interés en aprender y practicar este legado milenario. La influencia de otras culturas y costumbres, así como los cambios en los estilos de vida, han hecho que muchos jóvenes ya no vean en la medicina tradicional una práctica relevante dentro de su vida cotidiana.
AC: Finalmente, ¿cómo consideras que podrían dialogar —sin que uno anule al otro— los modelos de salud institucional con los saberes ancestrales?
DMG: El uso de la medicina tradicional no reemplaza a la medicina alopática. Cada enfermedad y cada persona es diferente, por lo que siempre se requiere una atención médica individualizada.
AC: Es decir, no se trata de sustituir un sistema por otro.
DMG: Exactamente. Lo importante es reconocer que ambos pueden complementarse. Por ejemplo, a través de investigaciones en farmacognosia se ha comprobado el potencial terapéutico que muchas plantas medicinales pueden tener en el organismo.
AC: Entonces también hay un campo de investigación científica que puede dialogar con estos conocimientos.
DMG: Así es. Por eso siempre es importante valorar la salud de cada individuo, conocer los efectos terapéuticos y también los posibles efectos adversos de las plantas medicinales. Además, es fundamental saber cómo deben prepararse y administrarse para aprovechar adecuadamente sus propiedades.
AC: Y también reconocer cuándo es necesario acudir a otro tipo de atención médica.
DMG: Exactamente. Si un remedio tradicional no alivia el padecimiento, lo recomendable es acudir con un médico para recibir un abordaje integral.

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