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| El rigor de la norma frente a la libertad del ser. Una metamorfosis entre la estructura y la identidad propia. Ilustración conceptual creada mediante Inteligencia Artificial (Gemini 2026). |
La experiencia de una psicóloga muestra cómo ciertos entornos de evaluación pueden influir en la trayectoria profesional y en la manera en que alguien se percibe a sí misma
¿Cuántas personas han dudado de sus propias capacidades después de pasar por un espacio académico exigente? ¿Cuántas han salido de ahí pensando que no eran suficientes?
En el marco del proyecto Diálogos a distancia, la psicóloga Ana Cristina Contreras compartió una experiencia que permite pensar este fenómeno desde una trayectoria concreta. Formada en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, atravesó un proceso en el que la evaluación académica no solo implicó calificaciones o revisiones, sino también una forma de posicionarse frente a su propio trabajo.
“Había muchas prácticas de mi comité de tesis que, según su ‘estilo UNAM’, me hacían ver que no era buena para la investigación ni para escribir una tesis”, recuerda Ana Cristina.
Para Pierre Bourdieu, sociólogo francés, la academia puede entenderse como un campo, es decir, un espacio con reglas propias donde se define qué formas de conocimiento son válidas y cuáles no. Dentro de ese campo, no todas las personas parten del mismo lugar. Existen ciertos códigos, estilos de escritura y formas de argumentar que funcionan como una especie de capital —un capital cultural— que no siempre está distribuido de manera equitativa.
En ese sentido, lo que Ana Cristina experimentó no fue solo una evaluación individual, sino un encuentro con reglas implícitas que no necesariamente le eran familiares o accesibles.
La situación también puede leerse a través de lo que Bourdieu denominó violencia simbólica: formas de imposición que no se perciben como violencia, pero que influyen profundamente en cómo una persona se ve a sí misma. No es una coerción explícita, son procesos más sutiles donde ciertos criterios se presentan como “naturales” o simplemente no se cuestionan.
Cuando un estilo académico se impone como el correcto, quienes no encajan en él pueden llegar a interpretar esa diferencia como una carencia personal. “Me quedé con un muy mal sabor de boca”, señala Ana Cristina.
La experiencia tuvo un impacto directo en su trayectoria. Durante ese periodo, Ana Cristina llegó a considerar alejarse de la academia. “En ese momento yo decía que no volvería a entrar a un posgrado”. Aquí, la evaluación deja de ser únicamente un mecanismo institucional y comienza a influir en el habitus, es decir, en la forma en que una persona internaliza ciertas percepciones sobre sí misma y sus posibilidades.
Ese tipo de procesos no siempre se nombran de forma abierta. Sin embargo, forman parte de lo que ocurre en muchos espacios de formación. La autoridad académica establece jerarquías y legitima ciertas formas de conocimiento sobre otras.
Ana Cristina lo vivió así. Durante un tiempo asumió que no tenía las herramientas necesarias. “Pensaba que no sabía de nada y que iba a enseñar”, explica al recordar sus primeros pasos como docente tras mudarse a Tijuana. La duda no surgía de la ausencia de conocimiento, sino de una evaluación que había sido interiorizada.
El cambio ocurrió cuando cambió el contexto. En Tijuana comenzó a dar clases, se integró a nuevos espacios académicos y, poco a poco, su trabajo fue reconocido de otra manera. “Me di cuenta que sí sabía cosas”, afirma.
Desde esta perspectiva, no es que sus capacidades hayan cambiado de forma radical, sino que entró en un espacio donde su capital cultural era leído de manera distinta. Lo que antes era cuestionado, en otro contexto pudo ser valorado.
Además, aparecieron otros indicios de ese cambio. La escritura, que antes representaba un obstáculo, comenzó a fluir. Su trabajo fue reconocido por colegas y comités. “Mi comité y mis compañerxs reconocían mi trabajo”, comenta.
Aquí aparece una pregunta central. ¿Qué tanto depende el desarrollo de una persona de sus capacidades, y qué tanto del entorno que las evalúa? La experiencia de Ana Cristina sugiere que el contexto tiene un peso importante. “Ahí entendí que el problema no era mi capacidad, sino el contexto desde donde había sido evaluada”.
Siguiendo a Bourdieu, esto permite pensar que el problema no siempre radica en el individuo, sino en las reglas del campo y en cómo estas distribuyen reconocimiento, legitimidad y autoridad.
Este tipo de procesos no son difíciles de encontrar, ya que en distintos espacios académicos las formas de evaluación pueden favorecer ciertos estilos de pensamiento, ciertas formas de escritura o ciertas trayectorias. Quienes no encajan en esos parámetros pueden quedar al margen, no necesariamente por falta de capacidad, sino por una desalineación con las reglas dominantes del campo.
En el caso de Ana Cristina, ese tránsito implicó regresar a la academia desde otro lugar. Hoy se nombra como psicóloga, docente e investigadora. Como parte de un proceso en el que distintas formas de reconocimiento influyeron en su trayectoria.
¿Y tú has dudado de lo que sabes por la forma en que alguien evaluó tu trabajo?
Si quieres leer toda la entrevista con Ana Cristina, aquí te dejo el link. Hablamos de su trayectoria y de varios temas sobre migración.
FuenteContreras, A. C. 2026. Entrevista para el proyecto Diálogos a distancia.

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