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| Ma. Isabel Cornejo, integrante de Mujeres del Bosque de Cobos, colectivo dedicado a la defensa biocultural del territorio en Aguascalientes. Foto: Cortesía Ma. Isabel Cornejo |
Una conversación sobre mujeres, territorio y resistencia, donde la cocina se convierte en una forma de organización y defensa comunitaria.
En el Bosque de Cobos, en Aguascalientes, un grupo de mujeres ha tejido una forma de defensa del territorio que pasa por la cocina, la memoria y la vida cotidiana. A través de saberes heredados, organización comunitaria y una relación afectiva con el entorno, Mujeres del Bosque de Cobos construye una defensa biocultural donde cuidar la tierra también es cuidar la vida. En esta conversación, Ma. Isabel Cornejo comparte la experiencia de un proceso que entrelaza territorio, identidad y resistencia.
Entrevista con Ma. Isabel Cornejo para Diálogos a distancia realizada por Alberto Canseco, editor, Nota Antropológica
Alberto Canseco: En tu experiencia, ¿qué papel han tenido las mujeres en la relación histórica entre la comunidad y el Bosque de Cobos?
Ma. Isabel Cornejo: En mi experiencia, las mujeres han sido el corazón silencioso de la relación entre la comunidad y el Bosque de Cobos. Históricamente han estado profundamente vinculadas al cuidado cotidiano del territorio, aunque muchas veces ese papel no se nombre como tal.
Han sido quienes recolectan plantas, preparan alimentos con lo que ofrece el bosque, cuidan el agua, gestionan espacios para la vida comunitaria —como las escuelas— y transmiten saberes a través de la vida diaria.
Existen conocimientos muy valiosos que han estado en manos de las mujeres: cómo usar el mezquite, el nopal, la tuna, el agave, los quelites, los chiles y el maíz; cómo cocinarlos, pero también cómo respetar sus ciclos. Son saberes que no siempre se aprendieron en espacios formales, sino en la convivencia, en la cocina, en el trabajo compartido que se transmite de generación en generación. Ahí es donde se ha sostenido una memoria profunda del territorio.
A.C.: Cuando decidieron organizarse como Mujeres del Bosque de Cobos, ¿qué cambió en la forma de defender el territorio?
I.C.: Cuando nos organizamos como Mujeres del Bosque de Cobos, cambió profundamente la manera de defender el territorio, porque comenzamos a hacerlo desde la vida cotidiana, desde lo que somos.
La defensa dejó de ser únicamente denuncia o resistencia frente a amenazas externas, y se convirtió también en un proceso de reconstrucción de identidad, de comunidad y de sentido.
| Imgen: cortesía Ma. Isabel Cornejo |
El hecho de ser una organización formada y encabezada por mujeres abrió posibilidades muy importantes: poner en el centro los cuidados, la cocina, la educación, la espiritualidad y la transmisión de saberes. Empezamos a generar espacios más incluyentes y sensibles, donde la defensa del bosque también pasa por el afecto, el encuentro y el compartir.
A.C.: En muchos territorios, las mujeres han sido quienes sostienen la memoria cotidiana de la comunidad… ¿Cómo se expresa esto en el caso del Bosque de Cobos?
I.C.: En el Bosque de Cobos esto se expresa de manera muy clara. La memoria cotidiana vive en las prácticas más sencillas: en la preparación de alimentos con ingredientes locales, en el conocimiento de las plantas medicinales, en las fiestas patronales —como las de San Juan Pablo II, San Francisco de Asís y la Santa Cruz—, en las peregrinaciones por el área natural protegida y en la forma de relacionarnos con el entorno.
Las mujeres han sido clave para mantener vivas estas prácticas. A través de la cocina, por ejemplo, no solo se transmite una receta, sino también una historia y un vínculo con el territorio. Lo mismo ocurre en el cuidado del agua, en el uso de los ingredientes locales, en la organización comunitaria y en la educación de niñas y niños.
Así se va sosteniendo una memoria que no necesariamente está escrita, pero que se vive y se reproduce todos los días.
A.C.: ¿De qué manera la cocina tradicional puede convertirse en una forma de resistencia territorial?
I.C.: La cocina tradicional es una forma muy poderosa de resistencia porque nos conecta directamente con el territorio. Cuando cocinamos con ingredientes del bosque, reconocemos su valor, su riqueza y la necesidad de conservarlo.
Un platillo puede parecer algo sencillo, pero detrás existe toda una red de relaciones: de dónde viene el ingrediente, quién lo recolecta, cómo se transforma y qué historia lo acompaña. Al recuperar recetas con mezquite, nopal, tuna, quelites, agave y maíz, estamos afirmando que ese territorio sigue vivo y que es necesario cuidarlo.
Además, cuando compartimos estos alimentos en espacios como el Festival Biocultural Gastronómico del Bosque de Cobos, también generamos sensibilización. La comida, junto con los recorridos interpretativos por el área natural protegida, se convierte en un lenguaje que permite comprender por qué vale la pena defender el bosque.
A.C.: ¿Han enfrentado resistencias o tensiones por el hecho de ser mujeres organizadas?
I.C.: Sí, hemos enfrentado diversas tensiones, tanto por la defensa del territorio como por el hecho de ser mujeres organizadas. En algunos momentos, nuestros saberes no han sido plenamente valorados, o el trabajo que realizamos —ligado a la cocina, al cuidado y a la vida comunitaria— se ha percibido como algo menor, cuando en realidad sostiene gran parte del proceso.
También existen resistencias cuando se cuestionan intereses económicos o ciertas formas de desarrollo que afectan al bosque. En esos contextos, sostenernos como mujeres organizadas implica firmeza, pero también paciencia y un trabajo colectivo constante.
A.C. En lo que mencionas aparece algo importante: no solo se trata de defender el territorio, sino también de disputar el valor de los saberes y del trabajo que históricamente han sostenido las mujeres.
I.C.: Así es. También hemos vivido situaciones complejas dentro del propio tejido social, como la falta de reconocimiento a iniciativas impulsadas por nosotras o la apropiación de ideas y proyectos que nacen de nuestro trabajo colectivo.
Estas experiencias, aunque han sido difíciles, nos han llevado a reflexionar sobre la importancia de cuidar no solo el territorio, sino también las relaciones y la ética comunitaria.
Frente a ello, hemos respondido fortaleciendo nuestra organización, reafirmando nuestros valores y manteniéndonos firmes en nuestro propósito: la conservación del Bosque de Cobos. Apostamos por el trabajo colaborativo, por la honestidad, la generosidad y la construcción de comunidad, confiando en que la coherencia y la constancia también abren camino para otras mujeres.
A.C.: ¿Cómo se relaciona su trabajo con las infancias y las nuevas generaciones?
I.C.: El trabajo con las infancias es fundamental. A través de recorridos, talleres, actividades con los Geochic@s y otros espacios comunitarios, buscamos que niñas y niños conozcan el bosque no solo como un lugar, sino como parte de su vida.
Lo que queremos sembrar en ellos es amor por el territorio, curiosidad, respeto y sentido de pertenencia. Que entiendan de dónde vienen los alimentos, que conozcan la biodiversidad, pero también que se reconozcan como parte de una comunidad capaz de cuidar y transformar su entorno.
Creemos que ahí está la esperanza: en formar generaciones que no vean al bosque como algo ajeno, sino como algo que les pertenece y que también están llamadas a cuidar.
A.C.: ¿Cómo describirías la relación afectiva que han construido con el territorio?
I.C.: Nuestra relación con el Bosque de Cobos es profundamente afectiva. No es solo un espacio físico, sino un lugar que nos ha enseñado, que nos ha reunido y que nos ha dado identidad.
Es una relación de respeto, pero también de cariño. El bosque es memoria, historia, alimento y espiritualidad. En él conviven lo biológico, lo cultural, lo histórico y lo comunitario, y eso genera un vínculo muy fuerte.
Para nosotras, la defensa no es solo una tarea: es una forma de corresponder a todo lo que el bosque nos da —agua, aire limpio, flores, alimentos y serenidad—.
A.C.: ¿Qué significa para ti, en términos personales, defender el Bosque de Cobos?
I.C.: Para mí, defender el Bosque de Cobos ha sido un camino de transformación personal. Me ha cambiado la forma de entender la naturaleza, ya no como algo separado, sino como algo de lo que formo parte, entendiendo que todo está relacionado.
También ha transformado mi manera de ver la comunidad, porque he aprendido el valor de lo colectivo, de organizarnos, de caminar juntas. Y en cuanto al papel de las mujeres, me ha permitido reconocer nuestra fuerza, nuestra capacidad de sostener procesos y de generar cambios desde lo cotidiano.
Es una defensa que se vive en lo personal, pero también en lo comunitario.
A.C.: ¿Qué tipo de poder han construido las Mujeres del Bosque de Cobos?
I.C.: El poder que hemos construido es un poder comunitario, basado en la organización, el conocimiento y el cuidado. No es un poder de imposición, sino de articulación, de encuentro y de resistencia.
Se expresa en acciones muy concretas: en la capacidad de convocar a la comunidad, de organizar festivales, de educar a niñas y niños, de incidir en decisiones y de frenar proyectos que afectan al territorio.
Es un poder que se teje en lo cotidiano: en las relaciones, en la confianza y en el trabajo compartido.
A.C.: ¿Qué te gustaría que otras mujeres pudieran aprender de su experiencia?
I.C.: Me gustaría que otras mujeres reconozcan que sus saberes son valiosos, que lo que hacen en lo cotidiano tiene un enorme potencial para transformar sus territorios.
Que no es necesario comenzar desde grandes estructuras; a veces todo empieza en la cocina, en el cuidado, en la organización comunitaria. Y que cuando se juntan, cuando comparten y se reconocen, pueden construir procesos muy fuertes.
También me gustaría que sepan que no están solas. Que hay muchas mujeres, en distintos territorios, haciendo lo mismo: cuidando la tierra, la cultura, la espiritualidad y la vida. Y que en esa red hay una gran esperanza.
Para conocer más sobre el trabajo de Mujeres del Bosque de Cobos o ponerse en contacto con el colectivo, se puede escribir al correo electrónico marisacorsan@gmail.com o seguir sus redes sociales en Facebook como Mujeres del Bosque de Cobos y en Instagram como @MujeresdelBosquedeCobos, donde comparten sus actividades, iniciativas y procesos comunitarios.

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