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| Las escuelas de arquitectura ya no son territorio exclusivo de hombres. Imagen de referencia (Gemini, 2026) |
Aunque cada vez son más las mujeres que estudian y ejercen la arquitectura, aún enfrentan un camino marcado por prejuicios, acoso y la constante necesidad de demostrar su autoridad.
La arquitectura en México ha sido, durante décadas, un campo dominado por hombres. No solo en números, sino en la forma de entender quién puede mandar en una obra, quién merece liderar un despacho y quién cuenta con el talento para diseñar. Pero algo está cambiando.
El nuevo rostro de las aulas
Entre 2012 y 2024, la presencia de mujeres en las escuelas de arquitectura pasó del 37.6 al 45.7 por ciento. Hoy, más mujeres que nunca están cruzando la frontera de una profesión que históricamente les fue hostil. Un estudio reciente, realizado por Cristina Herrera, Christian Muñoz y Ana Graciela Hernández Treviilla, analiza a fondo este proceso al que llaman “feminización selectiva”. La investigación, basada en entrevistas a arquitectas de distintas generaciones y a actores clave del sector, muestra un panorama contradictorio. Por un lado, las universidades se han vuelto más permeables a la igualdad de género. Las nuevas generaciones de estudiantes ya no toleran comentarios machistas ni la descalificación de sus maestros. El feminismo dentro de las aulas ha logrado erosionar viejas prácticas que antes empujaban a las mujeres a abandonar la carrera.
Fronteras que no desaparecen en la obra
Sin embargo, al salir de la escuela, el panorama se vuelve más áspero. Las arquitectas se enfrentan a un mercado laboral donde las reglas informales siguen favoreciendo a los hombres. La investigación identifica varios mecanismos de exclusión. Uno de ellos es el reclutamiento por redes de amistad y parentesco, del cual las mujeres suelen quedar fuera por insertarse más tarde al mundo laboral. Otro es la constante desconfianza en su capacidad técnica. En las obras de construcción, las arquitectas deben trabajar el doble para demostrar que pueden dirigir, mientras los hombres a su alrededor esperan que fallen.
El acoso y el hostigamiento sexual son también una realidad recurrente. Algunas de las profesionales entrevistadas relataron haber sido acorraladas por supervisores o haber tenido que “aprender a torear” insinuaciones de socios mayores, siempre con el temor de que poner límites pusiera en riesgo su trabajo. Para sobrevivir en ese entorno, las mujeres desarrollan estrategias cuidadosas: desde adoptar un trato más serio y cuidar su vestimenta para no ser sexualizadas, hasta usar el diálogo en lugar de los gritos para ganarse el respeto de los trabajadores, equilibrando una delgada línea entre la autoridad y la cercanía.
El peso de la maternidad en una carrera de tiempo completo
Uno de los hallazgos más relevantes es cómo la maternidad sigue siendo un punto de inflexión. Las exigencias de la profesión, sobre todo en puestos de obra que demandan viajar y horarios extensos, chocan con los mandatos de cuidado que aún recaen casi exclusivamente en las mujeres. Muchas arquitectas renuncian a formar una familia o postergan la maternidad para mantenerse en la carrera. La investigación muestra que la mitad de las arquitectas de entre 30 y 49 años no tienen hijos, una cifra muy superior al promedio de otras profesiones.
Cuatro formas de abrirse paso
A pesar de los obstáculos, el estudio identifica cuatro vías de inserción que van desde aquellas mujeres que se refugian en áreas consideradas “femeninas” como el interiorismo, hasta las que compiten por llegar a la cima del sistema de prestigio, pasando por las que se abren camino en nuevos nichos como el diseño sustentable o el desarrollo inmobiliario. Las generaciones más jóvenes, influidas por el 8M y el movimiento #MeToo, están menos dispuestas a aceptar posiciones secundarias y cuestionan las reglas del campo con más fuerza.
El camino hacia la igualdad en la arquitectura mexicana es, como lo describen las autoras, un proceso de abrir y cerrar compuertas. Las mujeres están ingresando, pero el campo todavía ofrece resistencias para que se queden y, sobre todo, para que asciendan.
¿Y tú alguna vez has tenido que demostrar el doble para que te reconozcan en tu trabajo? La antropología nos recuerda que las ocupaciones no solo son formas de ganarse la vida, también son espejos de los mandatos culturales que heredamos. Para algunos, el ingreso masivo de mujeres a la arquitectura es una amenaza que desdibuja una tradición masculina; para otros, es el síntoma de un orden social que empieza a resquebrajarse, donde el género ya no dicta quién puede construir el mundo.
Si conoces a alguna arquitecta, pregúntale cómo ha sido su experiencia. Comparte esta nota para que más voces se sumen a la conversación.
Fuente: Herrera, C., Muñoz, C., & Hernández Trevilla, A. G. (2026). Atravesando fronteras porosas. Feminización selectiva del campo de la arquitectura en México. Estudios Sociológicos, 44, 1-25.

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