De Diógenes a TikTok, cómo aprendimos a convertir la pobreza en una idealización estetizada de vida

 

Ilustración editorial: La pobreza vivida y la pobreza convertida en imagen para las redes sociales.
Imagen generada mediante inteligencia artificial para Nota Antropológica.


A lo largo de la historia, la carencia material ha sido simbolizada de diferentes maneras y las redes sociales heredaron una tradición que hoy puede convertirla en contenido.

Por Redacción Nota Antropológica 

Seguro has visto videos en tu celular que muestran casas pequeñas como espacios de felicidad. Fotografías que presentan ropa desgastada, paredes deterioradas o barrios populares como símbolos de autenticidad. También hay historias que recuerdan una infancia con poco dinero como si la carencia hubiera producido una vida más libre, comunitaria o feliz.

Y es en las mismas redes sociales que estas imágenes suelen dividir opiniones sobre si estamos reivindicando formas de vida distintas al consumo o simplemente se está romantizando la pobreza.

La discusión tiene una historia más larga data, ya que la pobreza nunca ha significado exactamente lo mismo. Una cosa es carecer de recursos por obligación. Otra es elegir voluntariamente una vida austera. También es distinto representar literariamente a una persona pobre, convertir su vida en un paisaje bello, presentar su resistencia como virtud o utilizar signos de precariedad como una estética.

Pero para entender la romantización contemporánea de la pobreza conviene hechar un vistazo a la historia. Diferentes sociedades han encontrado distintas maneras de transformar la carencia material en un valor moral, espiritual, literario, político o estético.


La antigüedad y el elogio de una vida con poco

Una de las primeras pistas aparece en la filosofía griega. Diógenes de Sinope, asociado con el cinismo, se convirtió en uno de los ejemplos más conocidos de una vida que rechazaba las convenciones sociales, las posesiones y la búsqueda de prestigio.

La tradición cínica vinculaba la felicidad con la autosuficiencia, la vida conforme a la naturaleza y el rechazo de necesidades consideradas artificiales. La pobreza voluntaria, el ascetismo y la mendicidad formaban parte de la imagen del sabio que se apartaba de las convenciones.

Pero aquí no se trataba necesariamente de decir que la pobreza involuntaria fuera buena, sino de sostener que necesitar menos podía hacer a una persona más libre.

El filósofo que renuncia a sus posesiones puede convertir esa renuncia en una elección. Quien nace sin recursos no dispone necesariamente de esa posibilidad. La austeridad elegida puede convertirse en virtudn, pero la pobreza impuesta sigue siendo una carencia, por dónde se le mire. 


La pobreza como virtud durante la Edad Media

Durante la Edad Media europea esta tensión adquirió una dimensión religiosa. La pobreza podía considerarse un mal que debía atenderse, pero la pobreza voluntaria podía convertirse en una virtud espiritual. Estudios sobre la filosofía medieval señalan precisamente esta diferencia entre la pobreza involuntaria y aquella elegida como ideal religioso. 

El franciscanismo llevó esta idea a una de sus expresiones más conocidas. Francisco de Asís convirtió la renuncia a la riqueza en parte fundamental de su proyecto religioso.

Kenneth Baxter Wolf ha señalado una paradoja importante: Francisco tomó como referencia la pobreza de quienes carecían de recursos, pero su propia pobreza era voluntaria. Él podía buscarla y convertirla en una forma de riqueza espiritual. Quienes vivían en la pobreza por necesidad no tenían esa misma posibilidad de elección.

La literatura medieval también convirtió la pobreza en objeto de disputa. Kate Crassons han estudiado cómo textos de los siglos XIV y XV enfrentaron distintas concepciones de la pobreza: las órdenes mendicantes defendían la pobreza voluntaria como una forma de perfección espiritual, mientras otros sectores cuestionaban esa interpretación. 

Hasya aquí la paradoja sigue siendo que la pobreza podía ser presentada como virtud cuando era voluntaria, mientras la pobreza involuntaria continuaba siendo una condición de necesidad.


Del pastor ideal al pobre como paisaje

La tradición pastoral produjo otroncambio durante siglos, el campo fue imaginado como un espacio apartado de la corrupción de las ciudades. El pastor, el campesino, la vida sencilla y la cercanía con la naturaleza podían representar una existencia más auténtica.

El campesino tenía poco, pero estaba cerca de la tierra. No poseía grandes riquezas, pero parecía conservar vínculos que la sociedad urbana había perdido.

Krishan Kumar tiene estudios sobre la representación de los pobres en la ficción inglesa entre la década de 1840 y mediados del siglo XX y encontró que la tradición pastoral fue una de las principales formas heredadas para representar a las clases pobres. La mirada sobre el pobre estaba condicionada tanto por su situación económica como por la posición social del escritor y la tradición literaria. 

Con el surgimiento del modo de producción capitalista se privilegió la vida en las ciudades y con ello a ciertas prácticas culturales asociadas a la vida campesina fueron en detrimento. Para este punto el pobre ha dejado de ser únicamente alguien que carece de recursos y paso a ser alguien que posee algo que los ricos supuestamente han perdido naturaleza, sencillez, comunidad, autenticidad o tiempo.


El Romanticismo y la pobreza convertida en imagen

Pero fue el Romanticismo aquel que llevó esta operación a otro nivel. William Wordsworth escribió sobre campesinos, mendigos y trabajadores rurales. Sus poemas Michael, The Old Cumberland Beggar y Resolution and Independence son estudiados por la manera en que construyen imágenes de la pobreza.

La investigación literaria ha señalado que la estética romántica del paisaje podía intervenir en la manera de representar la pobreza. El pobre aparecía dentro de un paisaje donde la persona, el campo, la naturaleza y la vida rural formaban una misma composición.

Eso no significa que Wordsworth considerara buena la pobreza. Su obra pasó por distintas aproximaciones, desde representaciones pintorescas o sentimentales hasta una preocupación más crítica por sus costos sociales. 

Pero es en este punto donde se empieza a notar otro cambio y es cómo una condición social puede convertirse en una imagen estética sin dejar de producir sufrimiento.


La literatura y la pobreza como problema social

Durante el Renacimiento creaciones literarias como El Lazarillo de Tormes desplazó parte del imaginario literario desde los mundos idealizados de pastores y caballeros hacia el hambre, la precariedad y la supervivencia.

Estudiosos en el tema como Javier Herrero han relacionado la aparición de la novela picaresca con una transformación social que hizo más visible la miseria urbana.

Durante los siglos XVIII y XIX, la literatura mostró con mayor frecuencia hambre, viviendas insalubres, explotación laboral y desigualdad. Numerosos y reconocidos autores de la época como Dickens, Zola, Victor Hugo y Dostoievski colocaron la pobreza en el centro de sus relatos.

Y en este punto es donde hay que hacer una aclaración porque representar la pobreza no significa necesariamente romantizarla. Una novela puede utilizar una historia conmovedora para denunciar una estructura social y no caer en el romanticismo. 


La antropología le dió un giro a la pregunta

Durante el siglo XX, la antropología introdujo otra forma de mirar estas sociedades. Marshall Sahlins cuestionó la idea de que los pueblos cazadores-recolectores estuvieran necesariamente condenados a la escasez. En La economía de la edad de piedra propuso la idea de la “sociedad opulenta original”: sociedades que podían satisfacer sus necesidades con relativamente poco esfuerzo porque sus necesidades materiales también eran distintas. 

La propuesta no significa que esas sociedades vivieran sin dificultades. Lo importante es el cambio de perspectiva:

Tener pocos bienes no equivale automáticamente a vivir en pobreza.

Una sociedad puede poseer pocos bienes materiales y disponer, al mismo tiempo, de tiempo, redes de reciprocidad, acceso a recursos, autonomía o conocimientos que una mirada externa no registra.

La antropología ayudó a cuestionar una asociación que parecía evidente, me refiero a que tener pocos bienes era exactamente lo mismo que ser pobre. Pero no siempre funciona de esa manera.


De la resistencia a la romantización

La investigación social y la literatura antropológica también comenzó a reconocer capacidades, redes de solidaridad, creatividad, reciprocidad y formas de resistencia entre poblaciones pobres.

Ese reconocimiento era necesario, ya que era evidente de que el problema aparece cuando esas capacidades se transforman en una explicación moral:


«“Los pobres son felices porque necesitan menos.”»


«“Antes teníamos poco y éramos más felices.”»


«“Con poco se vive mejor.”»

La descripción de una estrategia puede convertirse entonces en una celebración de la condición que la produjo.

Aneel Karnani criticó en 2007 las representaciones del pobre como emprendedor creativo, consumidor racional y persona especialmente resiliente porque esa imagen puede desplazar la atención de las estructuras económicas, laborales e institucionales que producen y reproducen la pobreza.

Desde luego que en muchos casos resiliencia puede existir, pero tener que ser resiliente no constituye una solución a la pobreza.

La pobreza se convierte en estética

Hoy el fenómeno ha adquirido otra dimensión pero quizá guarde ciertas similitudes con estas distintas formas de representar la pobreza. Y es que hoy la precariedad aparece en TikTok, Instagram, YouTube y otras plataformas, pero la vemos de una forma muy peculiar. 

Una pared con humedad o en obra negra puede mostrarse como estética. Una casa pequeña y sin acabados puede convertirse en escenario de videos sobre “la vida sencilla”. La ropa desgastada puede venderse como una apariencia buscada. El barrio popular puede convertirse en escenario de una identidad visual.

Incluso el desgaste puede transformarse en un elemento de valor. En 2026, Financial Times documentó cómo firmas de lujo incorporan prendas deliberadamente manchadas, arrugadas o deterioradas, convirtiendo signos asociados con el desgaste o la falta de recursos en objetos de valor para consumidores con capacidad adquisitiva. 

Y aquí tenemos nuevamente una contradicción porque para alguien puede ser una señal de precariedad, para otra persona puede convertirse en una elección estética.

La pobreza vivida y la pobreza consumida

La diferencia entre quien vive la precariedad y quien la contempla desde afuera es una contradicción fundamental para poder comprender cómo es que este fenómeno llegó a ser lo que vemos hoy en nuestras pantallas del teléfono móvil. 

Una familia puede conservar fotografías de una casa pequeña porque ahí creció. Otra persona puede reproducir esa estética porque le parece acogedora. Una persona puede recordar una infancia con pocos juguetes por los vínculos que construyó en ella. Otra puede convertir esa imagen en contenido sobre una época en la que “no necesitábamos nada”.

La experiencia puede ser real en ambos casos, lo unico que cambia es la posición desde la que se interpreta.

La pobreza puede producir solidaridad, creatividad, memoria, comunidad y resistencia, no hay que dejar de ver que en su lado más crítico también puede producir hambre, exclusión, inseguridad, violencia, endeudamiento y falta de oportunidades.

Una cosa no elimina la otra.


Para llevar...

Lo que quise mostrar desde el principio es que la romantización de la pobreza no nació en las redes sociales. Antes de TikTok hubo filósofos que defendieron la austeridad, santos que eligieron la pobreza, escritores que imaginaron campesinos lejos de las ciudades, poetas que incorporaron al pobre dentro de paisajes bellos, novelas que transformaron la miseria en materia literaria y antropólogos que cuestionaron la idea de que una sociedad con pocos bienes necesariamente fuera una sociedad miserable.

Lo que ha cambiado es la forma de circulación de la pobreza. Y es que como hemos visto pasó de ser una categoría religiosa a una categoría moral. Después se convirtió en personaje literario, paisaje, problema social, objeto etnográfico, imagen documental, identidad cultural y estética. Ahora también puede convertirse en inspiración para crear contenido dentro de algún formato de video y exponerlo a través de redes sociales de internet.  

Quizá la cuestión no sea solamente por qué algunas personas romantizan la pobreza, sino qué ocurre cuando una misma condición material adquiere significados distintos dependiendo de quién la vive y quién la observa. Y esa es una perspectiva en la que como cientistas sociales podríamos empezar a poner atención si es que existe el interés de analizar un fenómeno como este. 

Para quien carece de recursos, una pared con humedad puede ser un problema, pero para quien busca una estética determinada, puede ser un elemento decorativo. Lo mismo para cualquier persona que recuerda su infancia en una casa pequeña la cual puede representar afecto. Pero sin lugar a duda para una plataforma digital, puede ser una imagen capaz de generar reproducciones, likes, reacciones, shares y monetización. 

La misma cosa puede tener significados distintos.

Porque una cosa es reivindicar una vida sencilla. Otra muy distinta es convertir la pobreza en una vida deseable para quienes nunca han tenido que elegir entre pagar la renta, comprar comida o reparar una pared.


Fuentes citadas

Atenco Paredes, I. (2026). ‘De Tepoztlán a Tepito: genealogía crítica del concepto de “cultura de la pobreza” en Oscar Lewis’. Letras Históricas, 32.

Crassons, K. (2010). The Claims of Poverty: Literature, Culture, and Ideology in Late Medieval England. Notre Dame: University of Notre Dame Press.

Domines Veliki, M. (2019). ‘Visualizing Poverty in Wordsworth’s Poetry’. Umjetnost riječi, 63(3–4), pp. 161–178.

Herrero, J. (2020). ‘Renaissance Poverty and Lazarillo’s Family: The Bth of the Picaresque Genre’. PMLA.

Karnani, A. (2007). ‘Romanticizing the Poor Harms the Poor’. Journal of International Development, 6(2), pp. 151–162.

Kumar, K. (1995). ‘Versions of the Pastoral: Poverty and the Poor in English Fiction from the 1840s to the 1950s’. Journal of Historical Sociology, 8(1), pp. 1–35.

Makanadar, A. & Bandauko, E. (2024). ‘Poverty porn or poverty planning? Slum photography and the politics of spatial representation’. Geoforum, 104143.

Sahlins, M. (1972). Stone Age Economics. Chicago: Aldine-Atherton.

Wolf, K. B. (2003). The Poverty of Riches: St. Francis of Assisi Reconsidered. Oxford: Oxford University Press.

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