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| Una antropóloga entrevista a personas mayores en una comunidad rural. Imagen de referencia hecha con IA. |
La etnóloga formada en la ENAH construyó su método acompañando comunidades. No escribió manuales. Su escuela fueron los caminos de Tlaxcala, los talleres con mujeres indígenas y las preguntas que aprendió a hacer estando al lado, no adelante.
Por Redacción Nota Antropológica
La antropóloga Elsa Peña prefiere hablar de lo que vio hacer a otros. De su padre, por ejemplo, que la llevaba de niña en un jeep Toyota amarillo por los caminos del campo mexicano. Él señalaba el paisaje con respeto. Una mujer con rebozo, un niño cargando leña, un hombre guiando su burro. No explicaba nada. Solo decía mira. Esa invitación a observar sin juzgar fue la primera lección de trabajo de campo que recibió, mucho antes de saber que existía la antropología.
En una conversación reciente con Nota Antropológica para la serie Diálogos a Distancia, Peña recorrió más de cinco décadas de experiencia. Su testimonio permite entender que el método en antropología no se aprende solamente en las aulas. Se aprende también en el barro, en el cansancio del cuerpo y en las preguntas que uno se atreve a hacer cuando está frente a otra persona.
Cuando ingresó a la Escuela Nacional de Antropología e Historia en los años setenta, aquellas intuiciones infantiles encontraron herramientas. Tuvo profesores que marcaron su forma de mirar. Paul Kirchhoff le enseñó que delimitar un territorio no es fragmentar la realidad, sino comprender procesos. Con Carlos Navarrete aprendió que el conocimiento puede ser riguroso sin perder humanidad. Margarita Nolasco dedicó un semestre a mostrarle que las genealogías hablan de herencias, poder y memoria. El detalle, entendió entonces, también es poder.
La primera práctica de campo ocurrió en Zacapoaxtla, Puebla. Siete estudiantes llegaron a la región enviados por el Instituto Nacional Indigenista. La instrucción fue clara: debían desarrollar su plan de trabajo sin molestar a la gente. Aquella consigna contenía una lección que Peña nunca olvidó. La presencia del antropólogo no debe ser una carga para la comunidad.
El equipo debía estudiar la producción cafetalera. Pronto descubrieron que la realidad no se ajustaba a explicaciones simples. Los productores indígenas entregaban su cosecha a caciques que controlaban los beneficios. Las tiendas mejor surtidas pertenecían a los mismos hombres. El asistencialismo del INI aliviaba necesidades inmediatas, pero no transformaba aquellas estructuras. Allí entendió que muchas condiciones que parecen culturales son en realidad políticas y económicas.
También aprendieron cosas prácticas esa temporada. Descubrieron que no se puede trabajar en comunidades monolingües sin intérpretes. Comprobaron que el cuerpo también acumula conocimiento. Las caminatas bajo la lluvia, el barro que hace resbalar las botas, el polvo de la cosecha que termina en gripe. Probaron el yolispa, esa bebida que alegra el ánimo y cura el estómago. Compartieron tortillas recién hechas con familias campesinas.
Con el tiempo, Peña tuvo la oportunidad de desarrollar investigación académica en el CIESAS. Trabajó con figuras centrales de la antropología mexicana. Su tesis sobre las chinampas de San Luis Tlaxialtemalco le exigió rigor y disciplina. Sin embargo, algo no terminaba de cerrar. Entregar capítulos cada semana para ser discutidos en seminario la enfermaba de fiebre. No era el camino que quería seguir.
Un día habló con Arturo Warman con claridad. Le dijo que no deseaba pasar la vida escribiendo artículos para que otros colegas los criticaran. Quería trabajar directamente con las comunidades. Warman se trasladaba entonces al Instituto Nacional Indigenista. Peña se fue con él.
Allí encontró el espacio que había buscado. El trabajo consistía en ejecutar programas ya diseñados, pero todo cambió con el levantamiento zapatista de 1994. La instrucción desde la coordinación nacional fue contundente. Se suspendían los programas. Si las comunidades necesitaban algo, tendrían que venir a demandarlo. La lógica de intervención dio un vuelco completo. La institución pasaba de imponer proyectos a escuchar demandas.
Peña comenzó a impartir talleres sobre derechos indígenas. Elaboraron cuadernillos para explicar el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. Tradujeron conceptos jurídicos complejos a un lenguaje accesible. Viajó a Chihuahua y Baja California para trabajar con mujeres indígenas y jornaleras. Los talleres empezaban con derechos humanos y luego abordaban derechos de las mujeres. En varias ocasiones, las sesiones terminaban con abrazos colectivos. Las mujeres le decían gracias, maestra Elsa, porque nosotras no sabíamos que tenemos derechos.
Aquella gratitud no era hacia su persona, aclara. Era el reconocimiento de lo que ocurre cuando el conocimiento se comparte con respeto. La antropología, en ese movimiento, deja de ser una disciplina que observa desde afuera y se convierte en una herramienta que las personas pueden usar.
A lo largo de su trayectoria, Peña ha formado personal técnico de instituciones como la Comisión Federal de Electricidad en derechos humanos y perspectiva de género. Ha acompañado comunidades en la defensa de lugares sagrados frente a proyectos energéticos. Ha participado en procesos de consulta donde procuró que las mujeres no quedaran relegadas a beneficiarias pasivas. Ha trabajado en electrificación rural buscando alternativas que no dañen los territorios.
Recientemente asistió a un taller sobre defensa de la milpa tradicional. Observó con atención la dinámica. El facilitador no había preparado un plan con pertinencia cultural. No generó espacios para hablantes de lengua maya. No propició activamente la participación de las mujeres. En algún momento dijo que también se vale quedarse callados. Peña reflexiona sobre esa frase. En contextos de desigualdad lingüística y de género, el silencio no siempre es libertad. Muchas veces es exclusión.
Al final del taller, la organizadora consideró que los objetivos se habían cumplido. Peña pensó que el proceso había quedado incompleto. Esa diferencia refleja dos formas distintas de entender la antropología. La investigadora puede cumplir con sus metas metodológicas. La antropóloga comprometida debe responder también ante las personas con quienes trabaja. El criterio de evaluación no es el informe entregado. Es lo que queda después. La mujer que habló, el acuerdo que se consolidó, la organización que continúa.
Peña no ha publicado libros ni construido una obra teórica extensa. Su producción son informes técnicos, evaluaciones de impacto social, documentos institucionales que no cumplen los requisitos académicos para ser publicados. Alguna vez intentó enviar un material, pero tendría que reescribirlo completamente y no ha encontrado el tiempo. Su legado, prefiere pensarlo, está en otra parte. Está en procesos fortalecidos, en instituciones sensibilizadas, en mujeres que reconocen su capacidad de decidir, en comunidades que defienden su territorio con argumentos y conciencia histórica.
La antropología le dio herramientas, método, capacidad de observación y escucha. Le dio una comprensión del pasado que le permitió intervenir sin simplificar los problemas. Le dio una perspectiva territorial para entender que el espacio no es físico solamente, sino vivido, simbólico, político. Le dio una conciencia social que le enseñó a reconocer estructuras de explotación y a cuestionar relaciones de poder.
Ella le devolvió a la antropología una vida puesta en práctica. Le devolvió coherencia entre lo que pensaba y lo que hacía. Le devolvió la certeza de que el conocimiento vale cuando regresa a la gente que lo compartió.
¿Y tú has tenido la oportunidad de aprender de alguien que construye conocimiento simplemente estando presente, escuchando, acompañando sin afán de protagonismo? Si esta conversación te hizo pensar en alguien que trabaja así, con entrega silenciosa y profundo respeto, comparte esta nota con esa persona. Tal vez le haga bien saber que su forma de estar en el mundo también es una enseñanza.
FuenteCanseco, A. y Peña, E. (2026). Conversación con Elsa Peña. Serie editorial Diálogos a distancia. Nota Antropológica. Recuperado de https://notaantropologica.blogspot.com/2026/03/la-antropologia-me-enseno-caminar-al.html


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