“Sin la radio a isla se quedaría sin voz”: Francis Castillo, periodista cultural cubano

Desde Santiago de Cuba, un reportero con más de tres décadas en la radio reflexiona sobre la responsabilidad cultural del medio, su función orientadora y su vigencia en una sociedad atravesada por la transformación tecnológica.


Lic. Francis Castillo
Periodista cultural y director de programas radiales
Santiago de Cuba. Foto: Francis Castillo. 


Por Alberto Canseco 


Tuve la oportunidad de conversar —vía correo electrónico— con el Lic. Francis Castillo, periodista cultural cubano con más de tres décadas de experiencia en la radio. Cuando leí su propuesta de entrevista, no pude evitar regresar a mis propios años en una radio comunitaria en Oaxaca, donde, mientras investigaba para mi tesis de grado, descubrí el poder íntimo y colectivo de la voz transmitida por ondas hertzianas.


Entrevistar a Francis me pareció pertinente no solo por su trayectoria, sino por el contraste que su experiencia representa. En Cuba, la radio continúa siendo un medio de amplia vigencia y protagonismo social. En México —y en buena parte de América Latina—, en cambio, la radio ha ido cediendo terreno frente a plataformas digitales y redes sociales, dejando de ocupar el lugar central que tuvo durante décadas como fuente primaria de información.


Esta conversación se sitúa precisamente en ese cruce: dos contextos, dos experiencias y una misma pregunta de fondo —¿qué significa hoy hacer radio cultural en un mundo dominado por lo digital?—. A partir de su recorrido personal y profesional, Francis Castillo reflexiona sobre la responsabilidad del periodista cultural, la función orientadora del medio y el lugar que la radio sigue ocupando en la construcción de identidad en la isla.


Alberto Canseco: Usted ha dedicado más de tres décadas al periodismo cultural radial. ¿Cómo recuerda sus inicios y qué lo llevó a elegir la música de concierto como eje de su discurso comunicativo?


Francis Castillo: Me inicié en el periodismo en la década de los años 80 del pasado siglo. Mi formación estuvo marcada por el ambiente familiar. Mi abuela, descendiente de jamaicanos, fue maestra de Kindergarten y profesora de música. Ella decía que mi hermana y yo debíamos poseer los grandes “adornos sociales”: estudiar piano, hablar inglés —y un poco de francés—, cantar en la iglesia y leer la Biblia. Recuerdo que con orgullo decía: “El niño Francis ya toca Para Elisa de Beethoven”.


Desde muy joven estudié piano con ella y posteriormente guitarra en la Escuela de Música Lauro Fuentes de Santiago de Cuba. Una vez concluida la enseñanza media superior, el hábito familiar de escuchar radio despertó mi interés por el periodismo. Comencé a colaborar en Radio Mambí, donde acompañaba a los reporteros a la calle. Observaba cómo entrevistaban, cómo manejaban los grabadores y cómo estructuraban sus preguntas. Fue una verdadera escuela que consolidó mi vocación.


AC: En estos más de 30 años de trabajo, ¿ha habido algún momento en el que sintió que la radio —o su labor como periodista cultural— enfrentaba una limitación real o una situación especialmente compleja?


FC: Cuando me inicié en la emisora cultural CMBF Radio Musical Nacional, en 1995, no tenía teléfono particular. Eso resultaba incómodo, porque debía recurrir a instituciones culturales del territorio que me conocían para que me prestaran el teléfono y así realizar llamadas revertidas a La Habana, a mi órgano de prensa.


También podía llamar desde casas de amistades que tenían teléfono, pero muchas veces las personas no guardaban silencio y eso distorsionaba el sonido. El operador en La Habana me decía: “Francis, dile a todos que se callen”. En ocasiones tenía que buscar lugares más apartados para poder grabar. Había momentos en que uno se ponía nervioso porque deseaba terminar rápido.


Esa situación se mantuvo desde 1995 hasta 2021, cuando finalmente me instalaron teléfono fijo. Hoy, gracias a mi superación profesional como Director de Programas, realizador de sonidos y musicalizador, yo mismo grabo desde casa, edito, limpio las grabaciones, mezclo y envío el material a CMBF. La tecnología ha transformado por completo el proceso.


AC: ¿Alguna vez ha tenido que decidir qué decir y qué no decir al aire?


FC: No he tenido una experiencia en la que haya enfrentado una situación de ese tipo de manera directa. Siempre he trabajado dentro del perfil cultural de la emisora y con apego a sus normas editoriales.


AC: Recuerde una transmisión particularmente difícil —por razones técnicas, sociales o emocionales—. ¿Qué ocurrió ese día?


FC: Los noticieros se realizan en vivo con los locutores, pero los reportes de los periodistas generalmente son grabados. Sin embargo, he tenido la responsabilidad de estar en un evento y que el director del programa me indique: “Entras en vivo”.


En esos casos me preparo, leo varias veces la información para mantener coherencia, y gracias a que cursé estudios de locución, puedo asumir esa responsabilidad con mayor seguridad. Cuando te dan la señal interna de que estás al aire, debes concentrarte, transmitir con claridad, terminar y dar el crédito correspondiente. Es un momento de tensión profesional, pero también de crecimiento.


AC: Descríbanos un día específico en la emisora. ¿Qué sucede detrás del micrófono que el oyente no imagina?


FC: El trabajo radial implica preparación constante. Aunque el oyente solo escucha el resultado final, detrás hay lectura, revisión de fuentes, edición de audio y coordinación con realizadores.


En mi caso, además de reportar, hoy realizo procesos técnicos desde casa: descargo entrevistas, limpio grabaciones, edito, me grabo y mezclo. Ese trabajo previo no se ve, pero es esencial para lograr un producto profesional.


AC: Desde México, la radio ha ido perdiendo centralidad frente a plataformas digitales. ¿Cuál es hoy el lugar real de la radio en Cuba?


FC: Aunque algunos consideran a la radio la “Cenicienta” de los medios frente a internet, en Cuba mantiene un protagonismo vital. En momentos de adversidad social cumple una función orientadora e informativa esencial.


Ante la proliferación de noticias falsas, el oyente contrasta información entre redes sociales y medios oficiales y finalmente valora cuál es la fuente más confiable. Esa función orientadora mantiene vigente a la radio cubana.


AC: Si mañana la radio dejara de existir en Cuba, ¿qué perdería realmente la sociedad?


FC: Se perdería el medio de comunicación más rápido para dar a conocer información. Nosotros, los cubanos, estamos adaptados a disfrutar la radio por la calidad especial de muchas emisoras y programas.


La televisión exige atención plena; en cambio, la radio permite realizar otras actividades mientras se escucha. Ahí radica su poder recreativo y su carácter orientador. La isla se quedaría sin voz, y también muchas naciones latinoamericanas perderían un medio profundamente arraigado en su cultura.


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